El fenómeno del cambio climático sólo puede ser solucionado si existe un auténtico compromiso por parte de la sociedad, para que sea responsable de sus actos cotidianos y de sus hábitos de consumo. Por esta razón, resulta crucial introducir en las aulas de los centros educativos la problemática del cambio climático, por ser los alumnos personas en período de formación, tanto en conocimientos, como en valores y actitudes, y, sobre todo, por ser la juventud el motor de cambio de cualquier sociedad. Todos los centros educativos deberían incluir en su Proyecto Curricular de Centro la problemática del calentamiento global.
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En invierno abrígate bien y pon el termostato de calefacción a 20 °C. En verano usa ropa fresca y coloca el termostato de la refrigeración a 25 °C. Mantén las ventanas y puertas cerradas para evitar pérdidas de calor o frío. Coloca burletes y doble cristal en las ventanas.
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Apaga las luces innecesarias, los electrodomésticos, y el ordenador cuando no los uses, y no los dejes en stand by. Compra electrodomésticos tipo “A”.
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No metas en el frigorífico alimentos calientes y comprueba que la puerta cierra bien.
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Cierra el grifo mientras te lavas los dientes, dúchate en vez de bañarte (requiere 1/4 de agua y energía que un baño). Repara los grifos que goteen y desperdicia menos agua potable.
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Sustituye las bombillas normales por otras de bajo consumo o tubos fluorescentes. Instala sensores de movimiento para la iluminación en garajes, zonas de paso de comunidades de vecinos, etc.
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No friegues a mano, utiliza el lavavajillas con un programa de ahorro y aprovecha al máximo su capacidad.
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Pon la lavadora con la carga completa y lava con agua fría. Lava la ropa sólo cuando esté sucia y reutiliza la toalla durante tus viajes y en los hoteles. No tires ropa o calzado que esté en buen estado, regálala o entrégala a entidades benéficas, o reutilízala para trapos de polvo, etc., y cuando esté vieja o no sirva llévala al ecoparque. Emplea detergentes sin fosfatos porque son menos contaminantes.
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No uses papel de Aluminio para envolver los alimentos (usa fiambreras de vidrio, o bolsas de plástico usadas que estén limpias, etc.), ni utensilios desechables (vasos, cubiertos, etc.).
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Utiliza la olla a presión para cocinar. Los microondas suponen un gran ahorro de tiempo y consumen menos energía que las cocinas y hornos tradicionales.
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Nunca debemos arrojar los medicamentos por el lavabo, o por el inodoro, o tirarlos a la basura. Los medicamentos usados o caducados llévalos a tu farmacia (Plan SIGRE).
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Si es posible, planta delante de tu casa o de tu urbanización árboles de hoja caduca al Sur (que permiten la entrada de luz solar en invierno y protegen del calor en verano), y detrás árboles de hoja perenne al Norte (para proteger de los vientos fríos y húmedos del invierno).
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Si es factible, instala en tu casa, o en tu comunidad de vecinos, energías renovables (solar térmica y/o fotovoltaica) (son limpias, inagotables, rentables, frenan el cambio climático, etc.).
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Si tienes casa en el campo, cultiva tu propio huerto y aprovecha los restos vegetales y las basuras del jardín, para la obtención de abono orgánico (La obtención de abonos supone un gasto de energía). También puedes reutilizar el agua de la lluvia.